lunes, 12 de noviembre de 2012

¡Qué vergüenza, Alberto Acosta!


Hace aproximadamente un mes, en la mañana, recuerdo, en un noticiero de televisión, el activista político, Alberto Acosta Espinosa, anunció al País su decisión de postularse a la Presidencia de la República, encabezando una coalición, conformada, por varios movimientos políticos: algunos, viejos y conocidos, como el Movimiento Popular Democrático (MPD), Pachakutic, residuos del Partido Socialista Ecuatoriano; y otros, nuevos, en teoría, como “Montecristi Vive”, movimiento político creado por Acosta y sus amigos.

He de señalar que, en principio, luego de escuchar  a Acosta en dicha entrevista, dejando de lado cualquier prudencia, sensatez y razón, decidí emotiva e irreflexivamente considerar seriamente la posibilidad de apoyar la candidatura de Acosta. Hasta tal punto llegaron mis ingenuas intenciones, que, en ese momento, me puse a redactar un post que titulé “Carta Abierta a Alberto Acosta”. Una vez terminado el comentario, lo publiqué en mi blog. En dicha declaración, felicitaba a Acosta por asumir aquella responsabilidad, elucubrando e imaginando que su candidatura podría constituirse en una verdadera alternativa para los ecuatorianos, que, deseando hacer política, no estaban dispuestos a ensuciarse en lodo asqueroso impuesto por el sistema mafioso de los dueños de la política ecuatoriana.  Señalaba que, a pesar de las grandes diferencias ideológicas que nos separan, además de lo contradictorias e incomprensibles de muchas de sus conductas,  así como de las reservas y protestas que Yo tenía y tengo respecto del escenario político, estaba dispuesto a apoyar su candidatura. Señalé lo importante que resultaba que Acosta no se presentase como el candidato “de las izquierdas  plurinacionales”; es decir, como el candidato de la vieja partidocracia socialista o comunista, que había cogobernado con su infame hermanastra la partidocracia conservadora tradicionalista. Lo invité a convocar a todos los ecuatorianos que no habían sido parte del sistema mafioso, a un acuerdo nacional.

No recuerdo si fue el mismo día o el siguiente, pero lo cierto es que, envié, un par de mensajes a la cuenta de twitter de Acosta. Sí, en efecto, a pesar de la opinión negativa que tengo de twitter y dado que no contaba con ninguna otra opción para ponerme en contracto dicho personaje, abrí una cuenta en twitter y envíe un par de comentarios, donde felicitaba su decisión, imaginando que tal, estaba motivada en justos intereses y sanos objetivos; y demás le preguntaba, dónde podía encontrar o contactar con las personas de “Montecristi Vive” en la ciudad de Ibarra.  Adicionalmente Busqué en  la red, y encontré las páginas web de su movimiento, y envié sendos mensajes solicitando información, en especial de las personas que dirigían la campaña, para poder conversar con aquellos. Esperé, cerca de una semana, sin recibir, ninguna respuesta.

Mientras transcurrían los días desde que Acosta había anunciado su candidatura, empecé a darme cuenta del error  que había cometido al haber considerado incluso la sola posibilidad de apoyar la candidatura del burócrata burgués. Si bien es cierto, que, las mediocridades, flexibilidades e incertidumbres que Acosta ha dejado impresas, desde siempre, en su vida pública, así como también el hecho de haber conformado originalmente junto con Rafael Correa, esa cosa informe llamada “socialismo del siglo 21”, e incluso su participación bochornosa en la elaboración de la Constitución de Montecristi, generaban pruebas suficientes y contundentes para rechazar su candidatura, más todavía la calaña de los aliados que lo apoyan, pequé de ingenuo, dándole una vez más, el derecho a la duda. ¡Qué error, el mío! ¡Lo reconozco, fue un gran error! Afortunadamente remediable.

La “duda” fue rápidamente desecha, por las propias declaraciones y aficiones de Alberto Acosta, que, rechazando la posibilidad de convocar a los civiles independientes del Ecuador que justicieramente repudian el sistema mafioso que impera en el Ecuador, prefirió, invitar a los mismos movimientos ambiguos y politicastros con los que antaño había hecho campaña a favor de Alianza País, y cogobernado con el fascista bolivariano Rafael Correa. Tan repugnante es el asunto, que, días después de lanzar su candidatura, Alberto Acosta, humildemente, pedía el apoyo de los forajidos de “Ruptura”; grupo de políticos malagradecidos que apoyaron a Rafael Correa por cerca de 5 años, hasta que se dieron cuenta que no podían llegar más lejos, bajo el yugo servil de los caciques de Alianza País. Pero, los forajidos de “Ruptura”, soslayaron a Acosta y lo despreciaron de la misma manera que lo desecharon cuando el burgués burócrata cayó en desgracia con Rafael Correa y renunció dócilmente a la Presidencia de la Constituyente de Montecristi, abrumado por las presiones de sus “amigos revolucionarios”.

En relación con la candidatura de las “Izquierdas”, Alberto Acosta conjuntamente con Gustavo Larrea, son los representantes oficiales del neo-velasquismo en aquella coalición. ¡Ah carajo, cómo se me olvidó, cómo se escaparon semejantes antecedentes! ¡El velasquismo del siglo 21! Y sin embargo, velasquista y todo, Acosta poco o nada representa en dicha coalición. De hecho, su movimiento, “Montecristi vive”, prácticamente no existe. La estructura básica y decisiva de la coalición la integran el MPD y Pachakutic: ellos mandan y deciden. Una de las actuales representantes indígenas, célebre por sus verbosidades dicharacheras, folclorismos y apetitos desenfrenados, señaló tácitamente que, en esta ocasión no iban a permitir que suceda lo que ocurrió con Rafael Correa, que lo candidatos solo eran meros instrumentos de supuestos planes de gobierno; es decir, meras marionetas de los dueños de los partidos políticos que auspiciaban dicha candidatura; esas declaraciones e imposiciones se corroboran revisando los nombres de los candidatos a asambleístas, donde se pueden constatar que quienes se imponen mayoritariamente son políticos vinculados con Pachakutic y el MPD. Bien dice, el adagio: “¡dime con quién andas y te diré quién eres!”

Debo señalar que, aunque, molesto por la desvergüenza de Acosta, y en parte enojado conmigo mismo por redactar aquel desgraciado post “Carta Abierta  a Alberto Acosta”, basado exclusivamente en subjetividades y emotividades, antes que en la razón y la evidencia, decidí inicialmente dejarlo impreso como un recordatorio punitivo; mas, en vista de que aquel post, manchaba desagradablemente mi bitácora, decidí borrarlo, considerando más que nada la posibilidad de que alguno de mis lectores pudiese considerar, que Yo, apoyase aquella grosera opción.

A veces las personas dejamos que las esperanzas de un futuro mejor, nos deslumbren incautamente. Nos dejamos engañar por espejismos planteados por personajes engañosos y demagogos con reputaciones de hombres honrados. Las evidencias están ahí, pero en una muestra de excesiva generosidad les damos, el derecho a la duda, a quienes en el pasado demostraron demagogia, puerilismo, y ambigüedad. Afortunadamente las personas podemos enmendar, y corregir cualquier error o cándida ignorancia. Después de lo constatado públicamente, he de decir que, en mi opinión: el burócrata Alberto Acosta no es peor que un Rafael Correa, ni mejor que un Abdalá Bucaram. Ciertamente. 
 
        
        

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