jueves, 7 de febrero de 2013

Elecciones Ecuador 2013: Encuestas y Partidocracia.




Hace aproximadamente una semana caminando por las veredas de la ciudad, en una esquina, me topé con un pequeño armatoste de varillas retorcidas y despintadas, de ésos que los voceadores de periódicos usan para colocar los diarios corporativos. Entre tales, resaltaba el primer diario oficialista del Ecuador “El Telégrafo”. Y descollaba, porque, en su titular, en enormes letras, se leía una sentencia que más o menos decía, “partido de Rafael Correa, tendrá 95 asambleístas en próximo neo Congreso”. En principio, la cifra me llamó la atención por lo exagerada, pero, casi en enseguida recordé, entre otras cosas, que las alternativas políticas no-correanas, dejan mucho que desear; y que, los ecuatorianos vivimos en el País de los absurdos. De manera que el contingente, de que Correa saqué 95 asambleístas incondicionales, e incluso más, es una posibilidad factible; no descartable, sin duda, dadas las características paupérrimas de la realidad política ecuatoriana. La encuesta la había desarrollado, una empresa vinculada con la tendencia conservadora tradicional, lo que de alguna manera, explicaba el titular tan vanidoso en el medio pro Correa; rasgo folclórico de los progres del fascismo bolivariano, cuando por ejemplo, suelen vociferar, “¡no hay peor ciego que el que no quiere ver!”, cuando le restriegan en los ojos a los ecuatorianos las carreteras repavimentadas y concesionadas; obviamente no lo hacen para referirse a los escandalosos e inocultables actos de corrupción del Gobierno de la Involución Ciudadana, como el caso Duzac, ni tampoco a los dizque nuevos hospitales, universidades, escuelas y colegios, promocionados hasta el cansancio, pero que no aparecen por ningún lado.

Ayer, en la mañana, mientras revisaba información sobre las encuestas políticas, me encontré con una declaración del representante de la encuestadora conservadora, en la que, refiriéndose al uso descaradamente político que diario “El Telégrafo” dio a dichos resultados, a modo de disculpa o justificación, señalaba que tales resultados no representaban la filiación política de los dueños de tal negocio, ni tampoco cifras definitivas. Como es obvio. No cabe duda que la dirección sectaria que los medios incautados al sector de banqueros prófugos luego del fraude de 1998 ha influido definitivamente en la intención del voto, y por ende en las encuestas.

A pesar de que el ambiente se muestra enrarecido y ambiguo, pues las encuestas son meras intenciones y como tales están plagadas de superficialidades y bajas pasiones, sin embargo las diferencias tan concluyentes a favor de Correa parecerían haber establecido un derrotero inevitable, en la forma de un triunfo del Fascismo Bolivariano del siglo 21. Veamos las cifras hasta inicios de febrero del 2013, siempre aclarando que el análisis está basado en encuestas, y por lo tanto tiene una evidente carga subjetiva y relativa que se disipará exclusivamente con los resultados reales y finales. Así: Rafael Correa tendría una intención del voto del orden del 50%; su contendiente inmediato el conservador Guillermo Lasso, entre 18 y 20%; los populistas Lucio Gutiérrez y Álvaro Noboa, el 8 o 15%; el ex correísta Alberto Acosta, el 10%; y con porcentajes que varían  entre 3 y el 1 %  estarían: el pastor evangelista Nelson Zavala, Normy Wright y Mauricio Rodas.

Ahora bien, Wright y Rodas, sabían muy bien que sus pretensiones no tendrían ningún peso; ellos, lanzaron sus candidaturas para crear y organizar una estructura política a nivel nacional con miras a futuras elecciones. El caso de Nelson Zavala, pasa más por la necesidad del partido roldocista de tener candidato propio, una vez que las relaciones tras cortinas con Correa se fueron al infierno, y por las ambiciones del sacerdote protestante. Luego está Alberto Acosta, que ridículamente ha terminado haciendo campaña por el Movimiento Popular Democrático antes que por el sillón de Carondelet; algunos progres del fascismo bolivariano lo llamarían “el candidato chimbador”; Yo creo que, dados los resultados de las encuestas, ni a eso llega. Enseguida, los tres candidatos del Conservadurismo, unos más populistas que otros: Guillermo Lasso, quizá la opción conservadora más fuerte , aunque con su candidatura arruinada desde un principio por sus vínculos palmarios con el Partido Socialcristiano y la Democracia Cristiana, pero fundamentalmente por sus relaciones con los gobiernos de Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez. Luego, Álvaro Noboa, cuyas opciones reales culminaron el día que la nueva partidocracia reguló el gasto electoral; no es novedad que la principal fuerza de la candidatura de Álvaro Noboa radica en su capacidad de gastar grandes sumas de dinero en la campaña; si prohíbes ese factor, le quitas cualquier posibilidad verdadera; y después, tenemos a Lucio Gutiérrez, que fiel a su discurso populista y demagógico, no entiende que tuvo su oportunidad y la desperdició; pero que además sufre la persecución de los espectros del pasado que engendró durante su malhadado gobierno.

Si analizamos los antecedentes políticos, así como las condiciones y características de los candidatos Lasso, Gutiérrez y Noboa, que son quienes presentan los mejores niveles en las encuestas, nos daremos cuenta que el supuesto éxito de Correa radica en la ausencia de candidatos, que, teniendo los medios económicos para asumir una campaña política millonaria, tengan al mismo tiempo un historial público limpio. Alguna vez mencioné que la corrupción de 6 años del fascismo bolivariano no era tan visible como los 177 años de inmoralidades del conservadurismo tradicional. Por lo mismo,  la solución a ese dilema radicaba en propiciar a nuevos actores políticos sin antecedentes ignominiosos. Pero, aquello no ha sucedido; de tal manera que los mismos factores que le permitieron a Correa ganar hace seis años nuevamente se han vuelto presentar, solo que esta vez le será más fácil, pues, su posición de poder e influencia, obtenidas en especial gracias a la Constitución de Montecristi, le brindan esas prerrogativas, injustas por demás.
        
Entonces, si la tendencia se mantiene, Correa tendría asegurado el triunfo, ora porque consiguió el 51%, ora porque consiguiendo más del 40%, el candidato siguiente no logró alcanzarlo en menos de 10 puntos porcentuales; escenario no imprevisible, considerando que difícilmente Lasso llegará siquiera al 30%, a diferencia de Correa que posiblemente superará con facilidad el 40%. Salvo que se presente un extraño azaroso.

Pero, ¿Por qué muchos ecuatorianos siguen confiando en Correa? Algunos analistas dirán que Correa ha sabido mover convenientemente las fichas del juego de damas chinas; Yo diría más bien que Correa ha sabido manipular efectivamente al electorado ecuatoriano. Tácitamente Correa le ha planteado a la sociedad ecuatoriana un dilema; “a la derecha tenemos a la partidocracia corrupta de siempre, aquellos que los estafaron con la incautación de sus dineros en 1998; y la izquierda estamos nosotros los socialistas del siglo 21, sus santos redentores”. Y muchos ecuatorianos han creído en esa visión  religiosa, o más bien, en ese cuento chino. Obviamente las campañas de publicidad y propaganda han ayudado y mucho para imponer esa fijación en las mentes de muchos ecuatorianos. Tan claro es el asunto que quítenle ustedes a Correa el tema de la corrupción de la partidocracia conservadora inherente con el tema del fraude financiero de 1998,  y Correa junto con los corifeos de su gobierno se quedarían prácticamente sin discurso.

La realidad política actual, inevitablemente, debe ser analizada considerando las notorias relaciones existentes entre la nueva partidocracia, y su ancestro natural, la decrépita y anquilosada partidocracia conservadora. No es novedad que los cuadros de Alianza País están repletos de ex integrantes de antiguos partidos políticos, es decir, de la vieja partidocracia. Nótese como todos los candidatos de una u otra manera están relacionados directa o indirectamente con el sistema político sectario, mafioso, caudillista y tradicionalista. Absolutamente todos. Esto se debe a que la nueva partidocracia y la vieja partidocracia se pusieron de acuerdo para recrear una forma pintoresca de oligopolio. Con este  sistema, el del fascismo bolivariano del siglo 21, le negaron al ciudadano común la posibilidad de ser candidato. En resumen, el 17 de febrero del 2013 se elige entre la nueva partidocracia y la vieja partidocracia; es decir, en familia.
        
Hay un asunto que en verdad llama la atención, y tiene que ver con la decisión de los dueños del Conservadurismo tradicional ecuatoriano al momento de escoger a sus candidatos. Cuando lo lógico habría sido que designen o promocionen a gente sin pasado político, la partidocracia conservadora hace todo lo contrario, y nominan a personajes con un pasado político oprobioso. Entonces, cómo entiendes a la vieja partidocracia conservadora que ruge contra Correa, cuando ésta, escoge como candidatos a personajes que reúnen muchos de los estigmas que Rafael Correa ha explotado a lo largo de su vida política, y que tanta popularidad le han generado. Cómo lo entiendes; es como si se lo hubiera hecho a propósito; como si hubiera una confabulación para que el fascismo bolivariano se mantenga en el poder; Yo sé, que es una exageración, pero, a veces, pero que digo a veces, generalmente, las decisiones de la popularmente llamada “oposición política” son ininteligibles. Aunque, quién sabe.

En lo que a mí respecta, me importa muy poco pero que muy poco, que Correa gane las elecciones, más todavía considerando, las otras opciones que no son mejores que la alternativa del fascismo bolivariano. Como ya mencioné en alguna otra oportunidad, gane quien gane, el Conservadurismo que puso al mercenario venezolano Juan José Flores como primer presidente ecuatoriano, 183 años después, seguirá gobernando esta falsa isla de paz. Mientras tanto, Yo seguiré anulando mi voto, y rechazando, de esa manera, esta espuria dictadura constitucional.

Sea como sea, la suerte está echada, desde hace mucho tiempo que la tendencia conservadora gobierna, y seguirá haciéndolo, con diferentes nombres y apodos, progres y curuchupas, caretas y ropajes, hasta que el Pueblo Ecuatoriano entienda el concepto de Libertad, y lo acepte en su corazón.  

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