jueves, 26 de julio de 2012

Sodoma, y los candidatos a la presidencia del Ecuador.


Literalmente comenzó la carrera por alcanzar la Presidencia del Ecuador.  A pesar de que raramente enciendo la televisión, las pocas veces que lo hago, me encuentro con las campañas propagandísticas de los arcaicos patriotas y mesías, que proclaman y vociferan, salvarán al Ecuador de la violencia y eliminarán la pobreza. Obviamente no dicen cómo lo harán, y si lo hacen sus recetas son repugnantemente demagógicas.

Ya por ahí asomó el oligarca que usa su partido político como mecanismo de protección de sus empresas. Más allá un banquero, sí un banquero, vinculado con el socialcristianismo y la democracia cristiana (conservadurismo tradicional) que ahora pretende caminar con el pueblo para “mostrarle como alcanzar el éxito”. Aunque no creo que esté dispuesto a confesar los secretos enmarañados y turbios de la bancocracia. Por acá el ídolo de las multitudes socialistas del siglo 21, el caudillo que ha venido haciendo propaganda desde que inició su mandato hace casi seis años. El Burócrata por definición que se cree “su majestad” solo porque ostenta el cargo de “presidente de la República”, un cargo apenas delegado por los ecuatorianos.

Seguramente en el transcurso de días y semanas nuevos “salvadores de la Patria “, aparecerán, promocionando su deseo melifluo de sacrificarse por el País. Algunos buscando una bicoca barata y otros en pos de la teta mayor de la vaca estatal.

Mirando la calaña de semejantes candidatos, uno se pregunta, ¿y dónde están los candidatos de la gente honrada?; pero más todavía, ¿dónde está la gente honrada? Nos dicen que los ecuatorianos buenos somos más; y yo digo: ¿dónde están los buenos ecuatorianos? Los profetas de intenciones inocentes si no dudosas nos amenazan con la siguiente frase: “La gente perversa puede cometer sus infamias porque la gente buena se calla o no hace nada.” Pero entonces, protesto: ¿Dónde está la gente buena del Ecuador?

Acaso resulta imposible que los ecuatorianos honestos y decentes del País sean incapaces de auto-convocarse y asociarse para presentar una candidatura de gente honrada. Protesto: ¿dónde están los liberales? Y no refiero a los incautos o tramposos que creen que el Liberalismo lo inventó Eloy Alfaro Delgado, o a esos curuchupas que creen en el mercantilismo económico o en el filibusterismo financiero. Cuando hablo de liberales me refiero a la gente que cree en el derecho de las personas, de los civiles o los ciudadanos a decidir, escoger o elegir libremente en ambientes de paz y tranquilidad. ¡Dónde están! La verdad es que en este País no deben existir más de 1000 liberales disgregados a lo largo y ancho del País, y sin duda estoy siendo generoso. Los historiadores de pacotilla y los progres del socialismo del siglo 21 nos hablan de revoluciones liberales, y yo digo: ¡cuáles revoluciones!, si el conservadurismo ha mandado y sigue mandando desde la creación de la República Ecuatoriana. 182 años de curuchupismo fascista.

Cuando uno mira las condiciones quienes han sido dictadores y presidentes de este País, uno entiende. Cuando uno mira la calaña de los candidatos a la presidencia de la República, uno entiende. Cuando observas a la masa social votando por los mismos modelos torcidos, demagógicos, inmorales y desvergonzados, generación tras generación, elección tras elección, uno termina entendiendo.

Los políticos no son los únicos responsables del desastre de los países: los políticos simplemente son lo más representativo de un País, la esencia de una idiosincrasia: ora la sabiduría de una sociedad inteligente, ora la ruin astucia de una sociedad engañosa y mezquina; ora el bálsamo purificador, ora el miasma repugnante. El Político es a la sociedad, lo que la sociedad al político. Por eso al observar a tanto energúmeno y corrupto ocupando los diferentes cargos de elección popular, protesto una vez más: ¡Dónde está la gente honrada del Ecuador!

Muchas veces escucho a determinada gente quejarse de los impuestos, de la incapacidad de los funcionarios públicos, de la corrupción de los politicastros, de la burocracia abusiva en general; y entonces, cuestiono, por qué no hacen algo. Lo irónico es que algunos de los que más se quejan del sistema son los primeros en ofrecer su voto a los políticos profesionales que luego ya enquistados en el poder saciarán sus bajas pasiones.

La Biblia narra un cuento acerca de la destrucción de dos ciudades. Sodoma y Gomorra. El caudillo Abraham al conocer de la decisión del Dios religioso, le pregunta: “¿Destruirás al justo con el impío? Quizá haya 50 justos dentro de la ciudad.” Entonces el dios religioso le respondió: Si hallare en Sodoma 50 justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor a ellos. Abraham vuelve a insistir una y otra vez, “si fueran, 45, o 40, y que tal si solo son 30, o solo haya 20. Y el Dios religioso respondía no lo haría por amor a aquellos: hasta que llegó la cifra de 10,y entonces el Dios de Abraham respondió: por amor a esos 10 no la destruiré; y entonces, dice la Biblia que Dios se retiró y Abraham se volvió a su lugar; mientras Sodoma y Gomorra sucumbían arrasadas por el fuego caído del cielo.

Atendiendo los parámetros que se consideraron al momento de decidir la destrucción de Sodoma y Gomorra, pregunto, ¿Cuántos ecuatorianos serían considerados justos? Menos mal, últimamente no se destruyen ciudades por causa de la corrupción desenfrenada de sus habitantes o de la mayoría de estos. En cambio, sí se lo hace por el ansiado petróleo, o por el control geopolítico de determinadas zonas del planeta, o por el simple placer sádico de imponer una falsa democracia hecha a imagen y semejanza del sadismo fascista.

Que dilema verdad, ¡qué dilema! Ya aparecieron nuevamente en épocas de elecciones los Moisés criollos, los tetrarcas de la partidocracia antigua y nueva, que nos anuncian llevarnos hacia la Tierra Prometida donde fluye leche y miel; pero cuyas verdaderas intenciones son instalar los Infernales círculos de Dante, aquí mismo en esta falsa isla de Paz, donde supuestamente los ecuatorianos buenos son más. ¡Sí, tú … cómo no! 

        

sábado, 14 de julio de 2012

Había una vez un planeta llamado Nibiru .....



Había una vez un planeta que se llamaba Nibiru. Era enorme. Admirado desde el espacio, se mostraba de un color rojo intenso, ligeramente turbio, posiblemente debido a la constitución gaseosa de la extremadamente densa capa atmosférica que le ofrecía protección; gracias a ésta, Nibiru toleraba sin problemas las brutales fuerzas cósmicas que lo azotaban todos los días. Precisamente aquella atmósfera tan particular había creado las condiciones suficientes para que la vida se desarrolle en aquel planeta. De hecho existían criaturas inteligentes que habían fundado una gran civilización, imponente y poderosa, que a lo largo del tiempo había conseguido desarrollo y prosperidad: los nibiranos. Su sistema de gobierno era monárquica hereditaria; y si bien existían clases sociales, la vida en Nibiru era relativamente aceptable y provechosa para la gran mayoría, si no la totalidad de los nibiranos.

Físicamente poderosos, longevos, erguidos, bípedos, con brazos y manos, aunque con rasgos fisonómicos semejantes a un reptil, algunos incluso con cola, los nibiranos gobernaban Nibiru. Pero, la dinámica del Universo tenía preparado un reto mortal para los habitantes de Nibiru. Sorpresivamente la capa de gases y partículas que protegían al planeta empezó a resquebrajarse. Al debilitarse la densidad de la atmosfera, los diferentes rayos cósmicos empezaron a ingresar al planeta casi libremente, ocasionando graves perjuicios a la salud y vida no solo de los nibiranos sino de toda especie viva del planeta. Los científicos analizaron el problema y encontraron que la solución radicaba en recubrir las zonas agrietadas con grandes cantidades de partículas de oro. Así lo hacen. La solución funciona, pero surge otro problema, Nibiru carece del oro suficiente. Entonces, el Rey Anu, convoca a sus ministros; y entre éstos a sus hijos; el primogénito Enki, y el segundo, Enlil; el primero, un científico aventurero, al que no le daba miedo experimentar; y el otro, un guerrero pragmático, impávido e insensible. Luego de discutir las opciones, deciden enviar a Enki a un planeta azul de un sistema solar cercano, desde donde un astronauta nibirano Alalu, un rebelde, decía haber encontrado oro en grandes cantidades. Entonces Enki y un grupo de nibiranos viajan al planeta azul, al que llamaremos Tierra.

Finalmente Enki llega a la Tierra y se encuentra con Alalu; quien le informa de las particularidades del planeta. De inmediato el científico nibirano empieza a buscar el ansiado oro. Concomitantemente fundan puestos de avanzada y fortines, así como centros de despegue de sus naves. Enki empieza el proceso de extracción del mineral y lo envía tan rápido como puede hacia su planeta natal.

El oro es recibido en Nibiru con gran esperanza y felicidad. Sin embargo las cantidades que empiezan a ser recibidas no son suficientes, y Anu, decide enviar a otro contingente de nibiranos encabezados por su hijo Enlil, a quien entrega el mando principal, relegando al segundo lugar a Enki. Cuando Enlil, llega a la Tierra, y comunica  las órdenes a su hermano, éste, se enoja pero, acepta la decisión de su padre.

Con la llegada de más nibiranos se crean nuevos asentamientos y nuevos centros mineros. Inmediatamente se construye una base que sirva de puerto de enlace, en el cuarto planeta de aquel sistema al que llamaremos Marte. En aquel lugar se instalan un grupo de nibiranos que serán los encargados de transportar el oro desde la Tierra hasta Nibiru. Los nibiranos asentados en el planeta azul, toman el nombre “Anunnaki”, mientras los otros, los que permanecen en Marte se los denomina “Igigi”.

El duro trabajo genera una rebelión de los anunnaki y los igigi. Entonces a Enki se le ocurre la idea de alterar la genética de una especie nativa de la Tierra, muy semejante a la raza de Nibiru. Luego de experimentar una y otra vez con la especie terrícola y de continuos fracasos, Enki, utiliza su propio código genético y de esa manera aparece el primer ser humano sobre la faz de la Tierra.

El hombre al tiempo que es usado en las tareas de prospección y extracción del oro, empieza a prosperar y a reproducirse. La raza creada es el orgullo de Enki, aunque Enlil al conocer los detalles de la creación de la nueva raza, mira con recelo al hombre. Muchos “anunnakis”, como “igigis” se sienten atraídos por las hembras humanas y al procrear la raza humana se perfecciona enriquecida por los genes nibiranos. Una catástrofe natural le permitirá a Enlil mostrar su desafecto por el hombre. Una inundación ocasionada por el deshielo de los polos amenaza destruir a la raza humana. Enlil, ordena abandonar la Tierra, e impone que nadie ayude a la humanidad, y que sea el destino quien decida si deben o no desaparecer de la faz de la Tierra. La inundación es devastadora; y solo se salvan pequeños asentamientos humanos ubicados en lugares montañosos donde las aguas no llegaron, además de un pequeño grupo que fue alertado y protegido por Enki, que amaba su creación y no deseaba verla extinguida.

Los anunnakis, a salvo en sus naves, miran desde la atmosfera la enorme desgracia,  sufren por la destrucción de la raza humana y hasta el propio Enlil lamenta lo que pensaba había sido el final de la vida en el planeta, aunque luego, al conocer de la intervención de Enki muestra sus desavenencias con su hermano. Transcurren los años. Nibiru se salva gracias al trabajo de los anunnaki y los igigis. La humanidad vuelve a prosperar ayudada por los extraterrestres, a quienes consideran dioses, y por lo mismo les ofrecen culto. Sin embargo surgen enfrentamientos entre los herederos de Enki y Enlil, por el control de la Tierra. Durante las batallas la humanidad está a punto de ser destruida por las terribles armas de los combatientes annunakis e igigis. Sin embargo, a pesar de todo el ser humano sobrevive. Anu, decide que tanto anunnakis e igigis regresen a Nibiru y no intervengan más en los destinos del planeta azul a quien le debían la sobrevivencia de la civilización y raza de Nibiru. Y todos vivieron felices y contentos….., todos menos algunos humanos que se preguntan, ¡qué diablos hacemos en este conflictivo y complejo mundo!
    
Nota: El relato anterior es un resumen muy suscinto de la obra literaria "El Libro Perdido de Enki" del escritor, arqueólogo y antropólogo Zecharia Sitchin.
    

    

jueves, 28 de junio de 2012

Darwinismo Social y Matrix


¿Han escuchado hablar de la WWF?, no, no me refiero a la World Wrestling Federation, convertida actualmente en la WWE; sino a la World Wildlife Fund –Fondo Mundial para la Naturaleza–. Resulta que los oligarcas internacionales, sobre todo la llamada realeza europea está detrás de estas seudo organizaciones ecologistas. Parece ser que como en unos cuantos años se terminará el petróleo, o ya no existirá en las cantidades suficientes como para permitir mantener los actuales oligopolios petroquímicos y petroindustriales, pues, la Plutocracia está mudando sus intereses a la supuesta protección del ambiente. En verdad que, cuando uno piensa que lo ha visto todo, aparece  algún zoquete con su cinismo, y lo contradice.

Entre los benefactores de la WWF se encontraría el “Principe” Felipe, “Duque de Edimburgo”. Este aristócrata británico al parecer estaría muy preocupado por la tasa de crecimiento poblacional, no hay que olvidar que ya somos más de 7.000.000.000 de habitantes y seguimos dándole y dándole. Aunque en el caso del llamado “príncipe” sus preocupaciones serían más bien dislates propios de un desquiciado demente. A tal punto llegaría el odio perverso de este personaje rimbombante que en alguna ocasión muy suelto de huesos y seguramente con absoluta insensatez y certeza habría dicho la siguiente frase: "Si tuviera la oportunidad de reencarnar en la tierra me gustaría hacerlo como un virus asesino para reducir los niveles de población humana." 
 
Saben; una cosa es sentirse asqueado o indignado por la forma infame en que la naturaleza es maltratada por el  vicio del hombre inmoral, y otra cosa muy diferente es el odio enfermizo que emana de las mentes calenturientas de algunos darwinistas sociales. Una cosa es ser un misántropo que detesta la corrompida condición humana, y otra completamente diferente, ser un vanidoso trastornado que vivió toda la vida rodeado de placeres hedonistas.

Al conocer, los deseos despistados del mencionado “Duque”, se me vino un recuerdo; una escena de la película Matrix, de los hermanos Wachoswki, protagonizada por Keanu Reeves, Laurence Fishburne y Hugo Weaving. Me refiero al momento en que Morfeo, es torturado e interrogado por Smith. El agente de la Matrix se queda solo en la habitación con su víctima y entonces luego de desconectarse del sistema le dice a Morfeo lo siguiente: “Quisiera compartir con usted una revelación que tuve durante el tiempo que he estado aquí. Vino a mí cuando traté de clasificar su especie, y me di cuenta de que ustedes realmente no son mamíferos. Todos los mamíferos de este planeta desarrollan instintivamente un equilibrio natural con el ambiente que los rodea. Pero los humanos, no. Se desplazan a un lugar y luego se multiplican, hasta que consumen todos los recursos naturales. Su única forma de sobrevivir es moverse hacia otra zona. Hay otro organismo en este planeta que sigue el mismo patrón. ¿Sabe cuál es? El virus. La humanidad es una enfermedad. La desgracia de este planeta. Una plaga. Y nosotros somos la cura.” Claro, en ese momento Smith no sabía que en el guión estaba expresamente establecido que Neo y la gorda Trinity, rescatarían a Morfeo. Películas interesantes, éstas, de la saga  “Matrix”. Por cierto, con un final bastante ambiguo, como ambigua es la existencia humana.

Cuando uno mira a seres humanos masacrando a seres humanos; hombres justos acusados, perseguidos, encarcelados, torturados y asesinados por otros hombres no tan justos; personas que son ignoradas, soslayadas y menospreciadas mientras agonizan y mueren de hambre y sed; gobiernos dirigidos por humanos que gastan millones y millones de dólares en armas para matar a otros humanos. ¡Ah!, cuando uno recuerda los genocidios u holocaustos de la conquista de América, cuando muchas etnias nativas  fueron exterminadas, y otras domesticadas y convertidas  en esclavas en nombre de la evangelización, el destino manifiesto, la propiedad de las tierras y el divino oro; se pregunta: ¡por qué…….por qué!

No, yo no estoy de acuerdo con el Duque de Edimburgo, representante de la anacrónica monarquía europea. Sin embargo, las palabras del flemático y siniestro  Smith, encierran muchas verdades que no pueden ser pasadas por alto, o desdeñadas por los filántropos que gustan de hacer caridad con el dinero ajeno. Cuantos canallas critican el derecho de las personas a planificar el número de hijos que desean tener, y defienden la reproducción irresponsable. Lo cierto es que 7.000.000.000 son muchos millones, y no se puede negar que a algunos países la tasa de crecimiento poblacional se les está yendo de las manos. La Economía nos dice que las necesidades son ilimitadas, y los recursos limitados. Como para reflexionar. Eso sí, sería bueno que los darwinistas eugenésicos empiecen dando el ejemplo disminuyendo radicalmente sus aristocráticas tasas de natalidad, quizá emulando el fenómeno del mono número 100, las grandes masas seguirían su ejemplo sin necesidad de que las élites recurran a medidas y fundamentalismos grotescos y brutales. El problema es que por obvias razones “la realeza” está exenta de las imposiciones infringidas a las manadas sociales, no por nada, ellos viven en la más extrema opulencia, menospreciando diariamente a esa plebe, que irónicamente los adula y  vitorea incansablemente.  


viernes, 1 de junio de 2012

La hormiga y la cigarra; tres versiones diferentes.



Días atrás mientras caminaba por mi casa, me encontré en una antigua piedra de moler, en uno de sus extremos una joven y vistosa chicharra –cigarra–. Esta variedad de insectos suelen emitir un sonido muy especial, una especie de zumbido similar al tamborileo sutil pero rápido. Enseguida me acordé de la fábula de la cigarra y la hormiga; en sus varias versiones: La tradicional; la política; y la versión Philip J. Fry. 

 La versión tradicional, por ejemplo, señala que, en épocas de verano, mientras la hormiga trabajaba día y noche, acarreando alimentos a su hormiguero, la cigarra, se la pasaba descansando, tocando y cantando. Pero, en eso, llegó el invierno, y mientras, la esforzada hormiga se refugió en su casa donde pasó todo el temporal alimentándose del fruto de su trabajo, la irresponsable cigarra, carente de comida y cobijo terminó muriendo debido a la inclemencia del tiempo y a su falta de trabajo y previsión.

La trama político-conservadora, en cambió señala que, conocedora la cigarra –igual de irresponsable que en la versión tradicional– de los beneficios de los que disfrutaba la hormiga, inició una revolución con las demás cigarras exigiendo la implantación de un sistema socialista donde todos aquellos que dispongan de recursos compartan con los que nada tienen, es decir, un sistema de redistribución de la riqueza ajena, de igualdad socialista ­– que nada tiene que ver con igualdad de todos ante la ley– y de socialización de los medios de producción a la fuerza. Con artimañas y no pocos fraudes, y al grito de “¡socialismo o muerte!”, las cigarras triunfaron frente a las hormigas e instauraron un régimen socialista; con un solo partido político, el de las cigarras; con elecciones en donde se elegían exclusivamente a cigarras; con una burocracia corrupta e inepta de cigarras, y un proletariado, esquilmado y esclavizado, integrado únicamente por las hormigas, que, de una calidad de vida burguesa pasaron a vivir en condiciones de extrema pobreza a pesar de que trabajaban, mucho más que en el anterior sistema.

Esta variación de la metáfora original, ha sido desarrollada fundamentalmente por los beneficiarios del conservadurismo burgués, financiero y oligárquico, para quienes, cualquier posibilidad real de perder sus prebendas, canonjías y preferencias espurias, se denomina “comunismo”; sin duda fue elaborada fundamentalmente para atacar  a las mafias socialistas que actualmente asolan algunos países latinoamericanos. Pero, la gran verdad es que los conservadores, simbólicamente hablando, nunca han sido “hormigas”, sino, “reinas hormigas”; es decir han prosperado en regímenes totalitarios, donde ellos mandan y los otros obedecen; de manera que el enfrentamiento entre los conservadores financieros (reinas hormigas) y los socialistas del siglo 21 (cigarras), es básicamente por el control de los recursos y el usufructo del trabajo de las hormigas, es decir del pueblo, o de lo que los pipones  socialista llaman: “proletariado”.

La versión Philip J. Fry, señala que, durante todo el verano, mientras la hormiga se rompía el lomo, trabajando de sol a sol, la cigarra se la pasaba comiendo, bebiendo y disfrutando de la vida en compañía de su novia. Para cuando llegó el invierno la hormiga completamente agotada, murió de cansancio, y la cigarra ni corta ni perezosa se mudó a casa de la difunta hormiga a disfrutar de los alimentos recolectados; vendió una parte de las reservas, y con ese dinero se compró un ferrari.

Aunque me parece, que en el cuento del Philip J. Fry, la cigarra es reemplazada por un pulpo, seguramente debido a la particularidad del amigo Fry, en cuanto a que resulta ser su propio abuelo –por cuestiones de viajes en el tiempo solo posibles en las caricaturas–; en términos generales la metáfora es muy similar.

La verdad es que no entiendo por qué la versión tradicional escoge a la cigarra como símbolo de vaguería, irresponsabilidad, y vicio. De hecho, la gran mayoría de dichos populares están repletos de verdaderas estupideces y de prejuicios que satanizan a realidades naturales que nada que ver con la degeneración de la condición humana.

Particularmente la cigarra o chicharra me parece un insecto muy simpático, además que inofensivo, probablemente si nos molestásemos en conocer un poco más de su vida, seguramente aprenderíamos algún tipo de conocimiento que nos resultaría útil en la vida social o privada. En cualquier caso, de las tres versiones, me quedo con la del Philip J. Fry, más realista, y muchísimo más chistosa.

¡Ah!; incluyo unas cuantas fotos de la joven y pintona chicharra.


lunes, 7 de mayo de 2012

Folclore típicamente ecuatoriano.


En verdad que nuestro País, el Ecuador, está plagado de folclore pintoresco, unos más ridículos que otros, unos menos absurdos que otros. Por ejemplo, tenemos un gobierno que promociona la no explotación petrolera en el Parque Nacional Yasuní; pero al mismo tiempo, defiende con garras y colmillos, la minería a cielo abierto, a pesar de lo extremadamente contaminante  de tal actividad.

Los grupos de gays, lesbianas, travestis, bisexuales y feministas claman por igualdad, y sin embargo, han conseguido del gobierno de Rafael Correa, prebendas, a través de las llamadas “discriminaciones positivas”. 

Hace un año se le preguntó al Pueblo Ecuatoriano si estaba de acuerdo con los espectáculos donde se mataban animales; pero, resulta que, según Correa, las peleas de gallos no estaban incluidas; porque, según el socialista del siglo 21, la finalidad de dichos enfrentamientos no son la muerte del gallo; entonces, ¿por qué será que les colocan las navajas en lugar de las naturales espuelas? Las corridas de toros continúan. Los escándalos de corrupción no cesan. La espuria “meritocracia” se ha constituido en un filtro inmoral que permite que solamente la gallada o la patota puedan acceder a los diferentes cargos públicos. 

Increíblemente, Correa, se jacta del aumento del gasto público; pero, ¿quién paga esos incrementos del gasto corriente?, y ¿a dónde se destinan esos dineros? Por citas de prensa, quienes vivimos en la sierra ecuatoriana hemos conocido que las inundaciones están causando estragos principalmente en la costa. ¿Hay dinero para gasto corriente, pero no hay dinero para infraestructura básica? Alguien debe explicar, por qué no se han construido las presas y los diques en los lugares necesarios para evitar que ciudades y poblados sean inundados por las crecidas de los ríos. Alguien debe explicar, cómo es posible que a pesar del incremento del presupuesto en el rubro salud, el dengue, siga siendo una enfermedad epidémica. ¿En qué se han usado los millones y millones de dólares que debieron servir para agua potable y alcantarillado? 

¿Qué cosas, verdad? En fin, peripecias propias de cualquier, Absurdistán.     


miércoles, 2 de mayo de 2012

Quito, una ciudad taurina.

Por motivos diversos, me abstuve de analizar los resultados de la consulta popular de mayo del 2011. En parte porque sabía muy bien, que, sean cuales sean los resultados, en el Ecuador del siglo 21, las cosas seguirían exactamente igual o peor, como de hecho ha sucedido. Sin embargo no quiero quedarme con las ganas de analizar objetivamente –haciendo abstracción de las percepciones que tengo respecto de aquel asunto, o por lo menos, intentando no hacerlo– la pregunta 8, que trataba de los espectáculos públicos donde se matan animales.

La pregunta octava de la Consulta decía exactamente así:
- De la prohibición de matar animales en espectáculos;
¿Está usted de acuerdo que en el cantón de su domicilio se prohíban los espectáculos que tengan como finalidad dar muerte al animal?

El tema se volvió candente y polémico fundamentalmente en Quito debido  a la notoria afición que muchos quiteños tienen por la Tauromaquia; y por la oposición que no pocos quiteños sienten por esa fiesta. Pero el asunto, que debió ser tratado con seriedad, terminó politizado y manoseado por influjos del propio gobierno. Personalmente, a través de los medios que me fueron posibles, sobre todo Internet, denuncié, la manipulación engañosa, desarrollada por Rafael Correa y sus áulicos socialistas; pues la pregunta estaba diseñada tan mañosamente, que, gane el “no”, o gane el “sí”, la permanencia de la Tauromaquia quedaba garantizada; por lo mismo, la única opción sensata que quedaba –para quienes detestan ese tipo de espectáculos– era rechazar la propuesta tramposa de Correa, a través del voto Nulo.  

Las siguientes son las cifras oficiales:




Los datos son concluyentes y no admiten discusión. Analicemos. La pregunta planteaba si se estaba o no de acuerdo con prohibir los espectáculos donde se matan animales. Nada se decía de humillar, burlar, maltratar, picar, asaetear, desangrar, enfrentar, o agredir, animales; es decir, se podía hacer todo lo mencionado anteriormente excepto matar; aquella era la propuesta de Rafael Correa, promocionada y defendida por sus jorgas de disque ecologistas y socialistas del siglo 21; la del “SI”; la que al final triunfó y que posteriormente, fue reglamentada y sacramentada por el alcalde socialista, Augusto Barrera. 

Los resultados son sorprendentes. Según las cifras oficiales del Consejo Nacional Electoral (CNE), el 95,73% de las personas que viven y votan en Quito están de acuerdo con la Tauromaquia, y solo discrepan en el hecho del golpe de gracia final y fatal que recibe el toro miura. Es decir, ambos bandos –los que votaron “SI” y los que votaron “NO” –  están de acuerdo en que el animal sufra los diferentes lances taurinos; pero, mientras los amantes de la Tauromaquia imponían la tradición, es decir, que el toro muera en la arena del coso, los otros defendían que debía morir en los chiqueros, después de la lidia.  Apenas el 4,27%, rechazó, a través del Voto Nulo, la propuesta de Correa, y protestó su oposición a la Tauromaquia. La diferencia es contundente y permite concluir que, en su generalidad, Quito es una ciudad taurina, con todo lo que aquello implica.



domingo, 29 de abril de 2012

Una mariposa polilla y el ciclo natural.


Fue el miércoles anterior, me parece, o quizá el jueves, no estoy muy seguro, para los fines del comentario carece de importancia el día en particular. Me había levantado e iba con rumbo a la cocina; de repente, en el suelo, junto a la pared, camuflándose entre las rayas rosáceas y grises de las baldosas noté un elemento que parecía no combinar con el estatismo del piso; me acerqué y miré con más atención y entonces con algo de sorpresa, constaté se trataba de una singular mariposa.

De un tamaño no muy común, el insecto, se mantenía inmóvil, aparentemente calentándose con los rayos del sol mañero – aunque debo afirmar que, esa, es solo mi impresión­ – indiferente a lo que sucedía por encima de ella. Con cuidado la tomé por las puntas de sus alas y lentamente las junté sin lastimarla,  de manera que al intentar moverse no sufriera daño. En efecto, al tomarla por las alas, el animal apenas podía moverse a través de  sus pequeñas patas. De inmediato caminé unos cuantos metros y la coloqué en un lugar donde nadie pudiera molestarla, o accidentalmente pisarla. En un pequeño corredor apenas accesible, sobre el extremo plano de una barra.

La mariposa aceptó sosegadamente su nuevo rincón de solaz, sin realizar apenas movimiento. No soy un experto en mariposas pero por su color y forma, me pareció una polilla; sin embargo, debo reconocer nunca había visto una de esa envergadura. De ahí que, se me ocurrió filmarla como evidencia de su presencia en la casa.

Luego de que el insecto posó generosamente ante el lente de la cámara, la dejé en aquel lugar. Por la tarde, mientras cruzaba por ese sitio, recordé a la mariposa y decidí chequear si había decidido mantenerse en el mismo lugar o había tomado vuelo a nuevos ambientes. En el lugar donde se encontraba ya no estaba. Pero pronto la encontré, por lo menos lo que quedaba de ella. A unos cuantos centímetros se encontraba el cuerpo del insecto, salpicado en buena parte, por una moderada cantidad de hormigas. Desde mi puesto de observación  pude notar que la mariposa parecía conservar algún residuo de vida, por lo que decidí tomar su cuerpo y llevarla a otro lugar. La posibilidad de ser devorada en vida resultaba demasiado desagradable. Un montón de arena cubierto con plástico, restos de una construcción terminada, fue el mausoleo improvisado para los últimos minutos de aquel viejo y enorme, considerando su condición de mariposa, insecto. 
     
Al día siguiente, mientras cruzaba por aquel lugar de la casa, recordé a la vieja polilla, y como intentando constatar algo que por indicios ya concluía, levanté el plástico negro. Ahí estaba el cuerpo sin vida de lo que fue una mariposa, sirviendo de pasto a numerosas hormigas que esforzada y uniformemente se movían cosechando lo que la naturaleza les ofrecía, simplemente para subsistir. Bajé el plástico y dejé que el ciclo natural en su dinámica continuase inalterable. Entonces, divagué en lo efímero y frágil de la vida, una vez más. La muerte de unos significa la sobrevivencia de otros. La desgracia y felicidad de unos representa la desgracia y felicidad de otros. La realidad de los insectos parecería compararse  a la realidad de los humanos y sus sociedades. El  mundo, la vida, el orden, el universo, la dinámica y sus leyes, son tan intrigantes. Así es la efímera existencia  y su ciclo inalterable.