domingo, 16 de septiembre de 2012

Regionalismo, sectarismo universitario y Rafael Correa.



El racismo es ciertamente una manifestación de supina estupidez; y es que hay ser fanáticamente bruto, para menospreciar a las personas por su color de piel, etnia, origen, natividad, o cultura. Una forma torpe de racismo es el regionalismo, uno de los más ingratos vicios que afecta a un segmento de la sociedad ecuatoriana. Costeños que culpan, menosprecian, excluyen e injurian a serranos y viceversa, únicamente por haber nacido, unos, en las orillas del océano Pacífico, otros, en las alturas de la cordillera de los Andes. Este infortunado complejo lamentablemente ha sido una de las razones por las cuales el Ecuador no ha podido desarrollarse y crecer con la celeridad y constancia que los tiempos y la dignidad humana exigen. Siendo la clase política, uno de los sectores donde más se manifiestan los folclorismo vulgares y brutales de una sociedad, fácilmente encontramos en este ambiente al regionalismo, como una conducta común propia de aquellos demagogos y patrioteros. Así tenemos casos de partidos políticos serranos, y costeños, cada uno, fuerte en su respectiva zona natal. Pero, el prejuicio regionalista se vuelve mucho más ostensible cuando chequeamos la procedencia del presidente o dictador constitucional de turno en el poder, y comparamos dicha índole con los orígenes nativos de los miembros de su gabinete, en cuyo caso se va a encontrar la nada sorprendente certeza, de que, éstos, son compadres, comadres, padrinos y ahijados de la misma zona geográfica; es decir, cuando presidente serrano, mayoría de ministros y sátrapas serranos; y cuando presidente costeño, mayoría de ministros y asesores costeños. Un aspecto que se debe considerar es que en el ejercicio del poder público, los ministros, no son necesariamente, los hombres o mujeres que le siguen en poder al Presidente, sino, ciertos asesores que forman parte de un círculo íntimo y cerrado de poder, que realmente es el que cogobierna con el Presidente; y en ocasiones son el verdadero poder, siendo el presidente un mero burócrata que se limita a cumplir las órdenes de esa pequeña jorga maquiavélica.

Ciertamente hay indicios que demuestran que Rafael Correa es un clandestino regionalista, es decir, un regionalista que se esconde detrás de una falsa máscara de cosmopolita. Basta comprobar que la gran mayoría de sus colaboradores más cercanos son costeños, al igual que Correa. Si bien es cierto que, en el gobierno de la Involución Ciudadana hay muchos serranos, sin embargo, claramente se nota que, éstos, ocupan peldaños secundarios en la estructura de poder del gobierno y del propio partido “Alianza País”. Aquella particularidad es muy evidente en su círculo más cercano; así tenemos, a los socialistas bolivarianos los hermanos Patiño, los hermanos Alvarado y al socialcristiano Alexis Mera, coincidentemente originarios de la misma zona geográfica que Rafael Correa.

Sin embargo, jugando al papel de abogado del diablo, se podría vagabundear mentalmente señalando que no se puede nominar a Correa como un desquiciado regionalista, no porque no existan pruebas fehacientes de tal condición, sino porque, tal cuestión amerita, ora confesión expresa, ora documento debidamente protocolizado ante notario público, mas, dado que Correa nunca formalizará tal condición a través de instrumento jurídico, sino más bien, la negará con su locuacidad aberrante, no queda sino, atenernos a las evidencias. Pero, existe otro posible motivo por el cual Correa podría librarse de la mácula de “regionalista”; y este tiene que ver con la notoria indigencia moral de los miembros del partido político “Alianza País”. La presencia de aquel círculo íntimo de individuos, nativos de la misma región de donde proviene Correa, podría estar sustentada por la poca o ninguna confianza que el Príncipe de los burócratas públicos tiene en los serviles socialistas bolivarianos. Aunque, alguien razonablemente suspicaz no podría descartar ambas opciones, y haría bien en no hacerlo, pues, razones para tal juicio abundan.

Hay, además, un hecho que demostraría que ese infame prejuicio podría ser incluso de orden familiar. Si bien es cierto que cada persona es responsable de sus palabras, y no es justo imputar las estupideces de un bobo a su hermano o cualquier otro pariente; sin embargo, si analizas todo el contexto de hechos, te das cuenta que en realidad no se trata de un exabrupto, sino de una incultura adquirida o heredada, definitivamente  despreciable, y de una tendencia generalizada, dirigida a menospreciar lo que seguramente se admira. Ahí está el caso del rimbombante y pintoresco Fabricio Correa, el hermano, disque opositor, del Rafael. Durante el desarrollo de una tertulia en un medio televisivo, el disque chistoso Fabricio, el hombre de las empresas panameñas y los contratos multimillonarios con el Estado Ecuatoriano, se explaya redundantemente, explotando a raudales sus  prejuicios y complejos regionalistas. Si consideramos que Fabricio es el hermano mayor de Rafael, y por ende, una referencia en su infancia y juventud, el dislate racista de Fabricio se convierte en un indicio determinante, que explicaría, entre otras razones, el por qué la tendencia de Rafael Correa a rodearse de asesores, “no serranos, ni orientales”.

Otro aspecto muy distintivo de este Gobierno y de su líder locuaz, que fácilmente podría calificarse como sectario, es el origen universitario de la mayoría de miembros de su gabinete y su segmento de colaboradores de confianza; así tenemos que la Universidad Católica, con sus diferentes ramificaciones, es la principal fuente de la que Correa se provee al momento de reclutar el personal directivo de su gobierno. No hay que olvidar que, Correa mismo, es el resultado de la educación católica, pues en principio, pasó por las aulas católicas lasallanas, ora primaria, ora secundaria, para posteriormente continuar sus estudios en la Universidad Católica Santiago de Guayaquil, y finalmente, confirmando su predilección por dichas instituciones, propiedad de la Curia Católica, especializándose en quién sabe qué, en la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica.

Obviamente Correa como Presidente está en su derecho de elegir los funcionarios con quienes va a desarrollar su gestión; pero, no deja de perturbar el hecho cierto de su atención y preferencia a favor de los graduados de su adorada y religiosa “alma mater”. Ante este nuevo hecho evidente, y siendo un graduado de la Universidad Central del Ecuador, entidad pública, debo protestar: ¡y qué pasó con los graduados y profesionales de las universidades públicas! Cuestiono: ¿dónde están los ministros, graduados en la Universidad Central del Ecuador?; ¿será tal vez y solo tal vez, que para ser ministro en el Gobierno de la Involución Ciudadana y del conservadurismo arco iris, hay que ser graduado de universidad católica privada? 

Debo señalar, pues, como dicen los curuchupas, “nobleza obliga”, que me resulta desagradable constatar la manera descarada, servil e irrestricta en que algunos estudiantes,  graduados y profesionales de la Universidad Central del Ecuador apoyan al católico lasallano Rafael Correa. Aclaro que personalmente, me importa un comino la religión que profese Correa o cualquier otra persona; lo que repudio es la hipocresía de aquellos que adulan a los liberales, que antaño, combatieron el absolutismo conservador, pero, satanizan al Liberalismo y destrozan las garantías individuales de los ecuatorianos; por esto y por mucho más, debo decir que no entiendo, cómo puede haber personas que habiendo cursado en universidades no religiosas, apoyen incondicionalmente al boyscout lasallano. Por ahí dicen que Correa le libró a la universidad pública de la perniciosa presencia del Movimiento Popular Democrático. Pero aclaremos algo, el MPD no se ha ido de la universidad pública ecuatoriana; el MPD ha sido desplazado de los puestos de poder por los nuevos tiranuelos de aquellas universidades, entre otros, la mafia del partido socialista ecuatoriano, y naturalmente los correanos del socialismo bolivariano; es decir, todo cambió, pero, para que nada cambie.

Quizá estoy exigiendo demasiado, al pedir consecuencia, sensatez e integridad, después de todo, cuántos socialistas, comunistas, marxistas, leninistas, disque ateos, han terminado casándose sumisa y dócilmente en las iglesias cristianas propiedad del  conservadurismo religioso. Además no son pocos los auto-etiquetados comunistas o socialistas que disfrutan de los excesos del conservadurismo mercantilista al tiempo que se desgañitan criticando los vicios del capitalismo financiero; por lo mismo, cómo pedirles consecuencia a quienes se revuelcan felizmente en aquellos pantanos cloacales que furibundamente, censuran. 

Las posiciones disparatadas y contradictorias de los tradicionales patriotas que escandalosamente se jactan de un supuesto sacrificio por el pueblo, son fácilmente comprensibles cuando conoces los orígenes y la historia, de aquellos que criticando la tiranía, ruinmente, tiranizan. ¡Qué mestizaje tan pintoresco!: fervientes católicos, encubiertos regionalistas, sectarios seudo ilustrados, alfaristas curuchupas, ecologistas de la minería corporativa, socialistas bolivarianos, irreverentes wikilikianos, guevaristas de cafetín, etc., etc., etc.…….; sin duda, todos, verdaderos conservadores del “new age”.

                

miércoles, 29 de agosto de 2012

La caja hacedora de tontos.


Alguien, alguna vez, dijo: “Quién controla los medios, controla la cultura”. Ciertamente tenía razón. A través de la cultura, los pueblos adquieren los conocimientos que les permiten desarrollar sus juicios críticos. Gracias a la cultura los pueblos pueden evolucionar en sus modos de vida, y discernir entre aquellas costumbres que los retrasan y los hábitos que mejoran su calidad de vida. La buena cultura eleva el nivel de desarrollo artístico, científico, industrial, físico, social y económico de un grupo humano. Ergo, fácilmente podríamos concluir que la calidad de información que emiten los medios de comunicación públicos o privados, impresos, radiales o televisivos, es directamente proporcional a la cultura de una sociedad; es decir, con medios impresos, televisivos o radiales que ofrecen información de buena calidad tenemos sociedad de primer mundo; con medios impresos, televisivos o radiales que ofrecen basura encontramos sociedad del tercer mundo.

Pero concentrémonos en la Televisión que ha sido la gran triunfadora del siglo XX, que se mantiene vigente en el siglo XXI, y que seguramente continuará predominando por muchas décadas más, a pesar de la competencia que le hace el internet.  La televisión se ha constituido sin duda en el medio principal de implantación de cultura en todo el mundo; la herramienta hipnotizadora de masas, le dicen unos; la ventana al mundo de las mentiras, le llaman otros; la caja hacedora de tontos, la tachan  no pocos; el ojo del gran hermano, la califican, varios orwellianos.

Hace unos días me puse a revisar las programaciones de cuatro canales de televisión de señal nacional, los más representativos y reputados. En realidad, no me sorprendió para nada la escasez de contenido substancioso, de hecho, cuando tú constatas la pésima calidad de la televisión ecuatoriana entiendes por qué en este País se cantan mariachis mexicanos, se bailan cumbias colombianas, se festejan las corridas de toros españolas, predomina la estúpida y descarada viveza criolla y se adoptan clichés sociales internacionales ridículos como ponerse las gafas en la frente o en la corona de la cabeza para parecerse a las “celebridades y famosos”.

En promedio los 4 canales transmiten entre madrugada, mañana, tarde y noche: telenovelas, ora mexicanas, ora colombianas, ora brasileñas, ora argentinas; verdadera casi pornografía mojigata - alrededor de 8 horas diarias -; los programas, dizque, hogareños, en donde personajes folclóricos de condiciones morales polémicas, por decir lo menos, pretenden constituirse en gurúes de las familias ecuatorianas; - alrededor de 3 horas diarias -;  los programas rosa, arco iris, feministas y los tristemente célebres “reality shows”, - alrededor de 3 horas diarias -; no podían faltar los noticieros, donde dependiendo de la noticia se informa verazmente o se desinforma descaradamente, o simplemente se ignora dichos sucesos por impuras conveniencias, otros simplemente se acostumbraron a narrar una versión parcial de los hechos no por subjetividad normal, sino por ausencia de ética o torpe irresponsabilidad. Considerado lo mencionado anteriormente, se puede decir que los 4 canales, de lunes a viernes, transmiten programas que venden prejuicios, complejos y percepciones mentirosas, fatuas, y maliciosas en un rango que deambula entre las 12 y 15 horas; es decir, aproximadamente el 60% de la programación de los 4 canales fácilmente podría catalogarse de basura, dejando en claro que el otro 40%  no es precisamente  recomendable.

Resulta por demás lógico colegir que si la gente está permanentemente consumiendo información falaz, violenta, intolerante, brutal, alienante, sus conductas y actitudes se verán contaminadas por aquellos modelos y referentes, enviciados y denigrantes. Prácticamente se ha constituido un círculo vicioso en donde las cadenas televisivas ofrecen vulgaridad, violencia y torpeza, mientras que la mayoría de la sociedad disfruta consumiendo y exigiendo dicha porquería.

Para la sociedad ignara lo que se cuenta e impone en televisión es una verdad incuestionable; lo único real y verdadero; lo que no se presenta en televisión, para el mediocre común y corriente, simplemente no existe. Si consideramos los anterior, entendemos perfectamente por qué, no solamente los medios televisivos, sino también, los impresos, radiales y otros, incluyen exclusivamente a sus serviles acólitos al momento de generar opinión, en tanto, se abstienen totalitariamente de presentar las  opiniones de personas libres, inteligentes y honestas. Las versiones objetivas y veraces no tienen espacio en los medios donde el interés mercantil o malicioso predomina. Las personas, opiniones o hechos que resultan incómodos a los medios falsamente libres e independientes, son ignorados, y por lo tanto, para el simplón común y corriente, éstos, no existen; y si los escuchan por otros medios como el internet, son ignorados pues no los oyeron en las cajas hacedoras de tontos de boca de los dueños de la verdad, en las páginas impresas de mentiras verdaderas o de las bocazas guturales de ciertos locutorcillos banales.

Los miembros de una sociedad debemos tener muy en claro que, como ciudadanos, tenemos el derecho irrenunciable no solamente a acceder a información confiable, veraz y objetiva; sino también a entretenimiento sano, agradable y edificante. Actualmente en el Ecuador, ninguna de esas características  es ofrecida por los medios televisivos de señal nacional. Ahora bien, dado que, la posibilidad de medios que ofrezcan información veraz y confiable es un ideal por lo mismo prácticamente imposible, entonces, por lo menos, el Estado, tiene la obligación de ofrecer al ciudadano, medios que le ofrezcan puntos de vista diferentes y alternativos, además de entretenimiento saludable e interesante. No se trata de que se imponga  programaciones a los medios existentes, sino, que se aumente la base de canales de señal nacional. La solución existe, pero ha sido soslayada por la Burocracia y los funcionarios públicos, ¿Cuál es?: Los canales de Cable.

Meses atrás recibí un folleto de la Corporación Nacional de Telecomunicaciones CNT; en aquel panfleto se promocionaba el servicio de cable que la empresa estatal empezaría a vender por aquellos días. Con grandes letras y números se publicitaba: “¡Cable desde $15!” Ayer, por curiosidad y para desarrollar este comentario me di una vuelta por las oficinas de esa institución, y entonces, una secretaria me dio detalles acerca del servicio. Pues bien, resulta que el papelito promocional estaba plagado de verdades a medias. En primer lugar, a los $15 dólares iniciales había que sumarle $5 adicionales por concepto de impuestos, $20 o $30 dólares por ciertos dispositivos, y $5 o $10 más de gastos varios; es decir, el costo mensual del servicio bordeaba los $30. Además, en el paquete de canales, supuestamente 40, te incluían los 8 canales de señal nacional, que se sintonizan normalmente, sin necesidad de decodificador alguno. Sin duda un servicio caro. Una vez más queda demostrado que los justos intereses de los ciudadanos por naturaleza chocan con los apetitos de los políticos y la  burocracia.

Soy de la idea que el Estado en virtud de su responsabilidad de ofrecer educación de calidad a los ecuatorianos debería incluir a la señal abierta a varios canales que actualmente solo pueden ser observables a través del cable pagado. No hay que olvidar que los ecuatorianos pagamos impuestos, de manera que, gratuito no sería. Sin embargo, el Estado y los ciudadanos podríamos negociar una tarifa razonable, claro, si los políticos y los burócratas fueran razonables, aspecto que ya es un problema. Por ejemplo, los ciudadanos podríamos plantear un paquete de 10 canales entre los que estarían Fox Sports, Espn, Discovery Channel, Animal Planet, National Geographic, Discovey Kids, Antena 3, Televisión española, History Channel y Tnt. Todo el paquete por $5 incluidos impuestos, más un costo adicional de $15 por una sola vez por concepto del famoso decodificador. Personalmente, me parece un precio y un paquete, aceptables. Pero, ¿qué dirían los  mezquinos burócratas, y los ambiciosos politicastros de turno en el poder, ante esta propuesta? Seamos sinceros no esperemos que acepten, considerando sus condiciones y antecedentes.

De manera que, mientras no venga un gobierno de, por y para el pueblo inteligente, habrá que mantener al hacedor de tontos, apagado, salvo cuando haya algún evento interesante que ver, por ejemplo: la caída excepcional de algún tiranuelo; en ocasiones, las intervenciones ridículas de los pasmarotes que fungen de  entrevistadores y analistas políticos en los noticieros……; ah, y los fines de semana los pintorescos “bloopers” del campeonato de fútbol, aquello, en tanto los mercaderes  que se creen dueños del fútbol nacional, no vendan los derechos a la televisión cable.   

viernes, 24 de agosto de 2012

De por qué Rafael Correa llegó a ser presidente de la República del Ecuador.



¿Cuáles fueron las razones que permitieron que el príncipe de la burocracia pública, Don Rafael Correa, llegará al poder? ¿Qué circunstancias excitaron los puntos claves del escenario mediático, político y electoral de tal manera que el boyscout lasallano consiguiera convertirse en el Presidente del Ecuador? ¿Fue quizá obra y milagro de la virgencita churona? ¿Acaso intervino el báculo místico de san Eleutorio de Nicomedia? ¿Qué le permitió el locuaz e irreverente Rafael Correa ocupar el Palacio de Carondelet?

Bueno, en realidad en la elección de Rafael Correa, no intervinieron precisamente artes supraterrenales o manifestaciones metafísicas, sino más bien, un conjunto de hechos y coyunturas fundamentalmente humanas y por lo mismo perfectamente observables, definibles y explicables.

Luego de que los militares entregaron el poder, por allá, por finales de los años 70 del siglo XX; se instauró un sistema falsamente democrático, una dictadura constitucional en la que una mafia de partidos políticos encabezados por dos tendencias políticas, el Conservadurismo y el Populismo, que se alternaron periódicamente en la expoliación de los recursos públicos y la tiranización del pueblo ecuatoriano. En realidad nada que no haya conocido el País en épocas anteriores, aunque con el toque moderno de la época. Es así que los ecuatorianos tuvimos que sufrir: la infame sucretización pública  de la deuda privada, en el gobierno conservador demócrata cristiano de Osvaldo Hurtado; el terrorismo de Estado del socialcristiano León Febres Cordero; la laxitud moral y el despelote económico con el socialdemócrata Rodrigo Borja; la corrupción curuchupa con los conservadores Durán Ballén y Dahik; el oneroso, vergonzoso y ridículo gobierno de Abdalá Bucaram; la quiebra del país gracias al conservador democristiano Jamil Mahuad, y finalmente el nepotismo de Lucio Gutiérrez; entre los principales.

La incompetencia y corrupción de estos gobiernos tuvieron como consecuencia que la gran mayoría de ecuatorianos se harte de estos personajes tradicionales que monopolizaban el escenario político por lo que al grito de: ¡qué se vayan todos!, terminó, el pueblo, tumbando tres presidentes; golpes de Estado de los que irónicamente se aprovecharon en su momento un montón de oportunistas, y amorales forajidos que llenaron sus alforjas con dinero público y pronto se mandaron mudar a los frívolos palacetes construidos gracias a su ambición y carencia de escrúpulos. Uno de estos gobiernos interinos fue encabezado por Alfredo Palacio, vicepresidente con Lucio Gutiérrez; caído este último, Palacio asumió la presidencia. Es precisamente durante la dictadura constitucional de Palacio que aparece el nombre de Rafael Correa Delgado, comandando el ministerio de Economía. Algunas decisiones populares y otras necesarias le generaron simpatías, por ejemplo, eliminó un fondo inmoral que retenía dividendos petroleros que luego eran destinados al pago de la deuda externa lo que permitía a los negociantes y traficantes de estas acreencias ecuatorianas beneficiarse con pingües ganancias. Pero, de repente Correa se distanció del Gobierno de Palacio y desapareció. Hay quienes dicen que viajó a la Argentina a aprender del “Pingüinato”, otros dicen que anduvo por Venezuela asimilando el socialismo bolivariano original, y solicitando apoyo del Comandante Chávez. Sea como sea Correa desapareció por un buen tiempo hasta que, cual hijo prodigo, regresó, a estas tierras andinas; y, algunos meses después, dirigiendo las huestes de varios movimientos políticos, vinculados con lo que ignorante y popularmente se conoce como “izquierda política” lanzó su candidatura a la presidencia del Ecuador. 
 
Pero, ¿qué le permitió ganar? Hay que considerar que Correa era un rostro nuevo, y que la gente estaba harta de jetas y caretas inmorales, conocidas y tradicionales. Correa se presentó con la imagen renovadora de lo joven y nuevo, en contraste con lo repugnante de lo viejo y arcaico. Además su pasó por el Ministerio de Economía era considerado positivo por algunos sectores sociales. Su discurso en campaña fue ciertamente populista, nacionalista, humanista, antiimperialista, e incluso religioso, pues en más de una oportunidad dejó muy claro su formación cristiana católica, apostólica y romana. Atacó la corrupción de la bancocracia y sus aliados políticos conservadores que habían destruido económicamente al país años atrás. Cuestionó y censuró la relación servil que algunos sectores económicos y sociales tenían con los intereses de los Estados Unidos. Rechazó al capitalismo fundamentalista y vendió la idea del Socialismos del siglo XXI, aunque jamás explicó claramente en qué consistía este. Atacó el racismo y malicia de la oligarquía social a la que tachó con el mote de “pelucones”. Se presentó como la antítesis y némesis de la partidocracia tradicional a la que achacó la desgracia de todos los problemas del País, aunque irónicamente muchos  miembros de aquella mafia apoyaban directamente su candidatura; así, no le importó que miembros de la izquierda democrática, o colaboradores socialcristianos estén entre sus asesores, o que partidos de condiciones inmorales como el movimiento popular democrático M.P.D., o el partido socialista ecuatoriano P.S.E., formen parte de su coalición. Para librarse de la mácula de ser tildados como parte de la partidocracia, Correa y sus asesores, se crearon la careta del movimiento social a la que llamaron Alianza País y con la cual encubrieron a la mafia política que los apoyaba y se distanciaron del populismo y conservadurismo tradicionales, con gran éxito.

En la medida en que empezó a desarrollarse la campaña un hecho se presentó incuestionable: Correa sabía vender. Si unes eso, a su extrema locuacidad, demagogia, prolijidad en la tarima, carencia absoluta de buenos candidatos que constituyan efectiva competencia, el apoyo de muchos personajes del periodismo ampuloso y considerables recursos económicos para el gasto electoral, pues, entonces, el triunfo estaba garantizado. Y es así como el hijo prodigo, llegó a ocupar la presidencia de la República del Ecuador, de eso casi 6 o 7 años. Pero, ¿por qué se ha mantenido por tanto tiempo a diferencia de sus antecesores? … Pues por varias razones……. ¡aah!, pero, esa es otra historia.

lunes, 13 de agosto de 2012

Los odios y amores hacia Rafael Correa.


Me atrevo a afirmar sin pretender comparar momentos, historias y personajes, que, a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, épocas de la estúpida y sangrienta Guerra Civil Ecuatoriana que enfrentó a conservadores y anti-conservadores, estos últimos más  conocidos como “alfaristas”, se produjo en gran parte de la bisoña y primitiva sociedad ecuatoriana una dualidad social muy parecida al fenómeno político que actualmente sufre el Ecuador. En aquellas eras de antaño, Eloy Alfaro Delgado, se constituyó en el punto de quiebre de un momento político; en la figura que de una manera u otra implicaba cambio, y que por lo mismo amenazaba el estólido y brutal orden conservador imperante. Alfaro, se convirtió en el personaje principal al que las circunstancias, obligaban, ora a oponerse, en el caso del conservadurismo fáctico y el poder clerical católico, ora a unirse, en quienes estaban hartos de los abusos del sistema absolutista impuesto por aquellos señorones, que se consideraban dueños del País, al que dirigían como si fuera una gran hacienda. De ahí que, gran parte de la sociedad ecuatoriana de la época haya terminado dividiéndose en alfaristas (anti-conservadores), y anti-alfaristas (conservadores). Pues bien, aquel mismo fenómeno se ha vuelto a repetir en el Ecuador de principios del siglo XXI. En este caso el personaje del momento es Rafael Correa, pero cuidado, con esto no pretendo emular a un personaje como Correa a los niveles de Eloy Alfaro y viceversa. Ciertamente las realidades son diferentes, los personajes no son los mismos, y las circunstancias han variado en algunos aspectos, pero, el dualismo social, se ha vuelto a repetir en las formas de un engañoso maniqueísmo practicado tanto por el locuaz Correa y sus sátrapas serviles, como por sus odiosos y fundamentalistas enemigos. Es así que, para Correa, sus aduladores incondicionales, los correístas, la neo partidocracia, o el curuchupismo del new age, todo lo que haga el Gobierno del  Socialismo Bolivariano está más que bien, además de absolutamente justificado, y todos aquellos que se opongan a Correa y sus decisiones están mal y son: ora seguidores de la infame anquilosada partidocracia, ora señoritos pelucones inmorales,  ora ignorantes que no entienden las buenas intenciones de su majestad, el primer burócrata público, Don Rafael Correa. Ese mismo maniqueísmo inmoral se observa al otro lado del circo politicastro, en aquellos que odian furibundamente a Correa, es decir, los anti-correanos, la gran mayoría vinculados con el Conservadurismo social y político tradicional, aunque manifestado de maneras variopintas y disfraces estrafalarios, con los cuales pretenden ocultar lo que sus obras y conductas denuncian, es decir, sus irrenunciables vínculos con el conservadurismo; ahí están por ejemplo, partidos políticos como el socialcristianismo y la democracia cristiana, herederos del Conservadurismo de García Moreno o Velasco Ibarra, entre otros. Pues bien, para los conservadores declarados enemigos de Correa y su incomprensible Socialismo del siglo XXI todo lo que haga Correa está muy mal, y todos los medios que se usen para demonizar al majestuoso y escandaloso burócrata, por torpes y repudiables que sean, están más que justificados.

Dos bandos perfectamente definidos, por un lado los correístas que, en mi opinión, representan un conservadurismo moderado inherente a la Teología de la Liberación, y los anti-correístas, es decir conservadores tradicionalistas; ambos luchando desvergonzadamente por sostenerse en el poder, los unos, y recuperar ese mismo poder, los otros.

Algunos meses atrás recibí la llamada de un amigo. El motivo, necesitaba mi opinión acerca de cómo marchaba la economía del País en el Gobierno de Rafael Correa. Cómo así, le pregunté;  respondiéndome, que a su hija le habían mandado como tarea escolar, entrevistar a cuatro o cinco personas acerca de ese tema. Pregunta no más, le dije. “No”, me respondió, “dame tu opinión”. Llámame en media hora, hasta asociar ideas, le respondí. “No, dime ahora”, me insistió. Entonces comencé a desarrollar una serie de ideas acerca de la posición contraria que Correa tiene de la dolarización, la subida de los precios del petróleo, la deuda externa, la inflación, el incremento desmesurado de la burocracia y el gasto público; pero, de repente, fui interrumpido por el atrevido entrevistador. “¡Pero, estás a favor de Correa!”, vociferó a través del auricular. Me quedé sorprendido, por el exabrupto; pero, tomando el asunto con tranquilidad, le dije: no entiendo por  qué dices eso. “¡Pero, no ves esto y esto otro, y además eso……..!”, vociferaba. Entonces entendí todo, el muy pelmazo tenía una idea prejuiciada sobre aquel asunto y buscaba alguien que justifique sus ideas acomplejadas. No buscaba una opinión objetiva sobre el manejo económico del Gobierno de Correa, sino alguien que censure enfermizamente al Gobierno y demonice al líder de los socialistas curuchupas.

Otro día, me encontré con otro amigo y empezamos a conversar sobre Política y obviamente se filtró el tema del Gobierno de Alianza País. Conocedor de sus afectos extremadamente generosos y zalameros por el curuchupismo del new age, le pregunté qué opinaba sobre el servilismo tan descarado del que hacían gala los ilotas del socialismo del siglo XXI; le cuestioné cómo podía defender a un gobierno que se había apoderado de todas las funciones del Estado sobre todo las de Control, para dar impunidad a los actos de corrupción de los sátrapas gobiernistas. Entonces, cínicamente me respondió: “y a vos que te ha hecho Correa”. Un poco y más me dice: por qué ejerces la libertad de expresión, por qué te solidarizas con la gente honrada y valiente, por qué repudias lo reprensible y por qué censuras lo odioso. Me quedé absorto por un instante, pero enseguida me di cuenta de todo: condición humana; torpe e insensata condición humana, aderezada con una gran dosis de idiosincrasia ecuatoriana, pero, de la desvergonzada.

Dicen que entre el amor y el odio existe, una muy ligera línea que los separa. Yo no estoy de acuerdo; claro partiendo de la idea que el amor representa algo bueno y hermoso. No es posible que un sentimiento tan noble pueda fácilmente confundirse con una obsesión tan ignominiosa y despreciable como el odio. Salvo que no sea amor, sino interés concupiscente, en cuyo caso, es lógico que al satisfacer tal vicio se produzca el asqueroso y amoral servilismo; tan lógico como que, al no poder saciar dicha viciosa obsesión, ésta, termine convirtiéndose en odiosa pasión.
     
 El clima de violencia verbal que se impone en el colector de la infame política entre correístas y anti-correístas es ciertamente reprensible, pero demuestra la realidad de una opinión pública monopolizada por personajes carentes de escrúpulos y amantes de las bajas pasiones.

Poco ha cambiado el Ecuador de principios del siglo XX con el Ecuador de inicios del siglo XXI. El Conservadurismo sigue tan vigente como entonces aunque se presenta con otros nombres, caretas y disfraces como socialcristianismo o democracia cristiana, con los cuales sus seguidores pretenden escapar del juicio histórico. Los detractores del decrépito conservadurismo, antes denominados “alfaristas”; hoy se hacen llamar, correístas, o socialistas bolivarianos, aunque por sus orígenes sabemos que son conservadores renegados o curuchupas del new age. Como mencionaba si bien existe una enorme diferencia entre el fenómeno Alfarista y el experimento Correa; el efecto “maniqueísmo” se ha vuelto a repetir. Igualmente se repite el caudillismo y el servilismo: patrones y criados; amos y esbirros, unos peores que otros. Al respecto, le mencionaba a alguien que, en ocasiones los viles y canallescos capataces son peores que los amanerados gamonales. Ciertamente reciben las infames órdenes de sus brutales patrones, pero, la celeridad, salvajismo y sordidez con que las cumplen los convierten en verdaderas arpías sanguinarias carentes de cualquier forma de humanidad decente.

Quiera el buen hado que en un futuro no lejano el Ecuador dejé de ser hacienda de jorgas ambiciosas y mafias mezquinas; de caciques tiránicos, patrones fascistas, sátrapas amorales y serviles descarados, y se convierta en un País de hombres libres, honrados y sensatos.                


    

jueves, 26 de julio de 2012

Sodoma, y los candidatos a la presidencia del Ecuador.


Literalmente comenzó la carrera por alcanzar la Presidencia del Ecuador.  A pesar de que raramente enciendo la televisión, las pocas veces que lo hago, me encuentro con las campañas propagandísticas de los arcaicos patriotas y mesías, que proclaman y vociferan, salvarán al Ecuador de la violencia y eliminarán la pobreza. Obviamente no dicen cómo lo harán, y si lo hacen sus recetas son repugnantemente demagógicas.

Ya por ahí asomó el oligarca que usa su partido político como mecanismo de protección de sus empresas. Más allá un banquero, sí un banquero, vinculado con el socialcristianismo y la democracia cristiana (conservadurismo tradicional) que ahora pretende caminar con el pueblo para “mostrarle como alcanzar el éxito”. Aunque no creo que esté dispuesto a confesar los secretos enmarañados y turbios de la bancocracia. Por acá el ídolo de las multitudes socialistas del siglo 21, el caudillo que ha venido haciendo propaganda desde que inició su mandato hace casi seis años. El Burócrata por definición que se cree “su majestad” solo porque ostenta el cargo de “presidente de la República”, un cargo apenas delegado por los ecuatorianos.

Seguramente en el transcurso de días y semanas nuevos “salvadores de la Patria “, aparecerán, promocionando su deseo melifluo de sacrificarse por el País. Algunos buscando una bicoca barata y otros en pos de la teta mayor de la vaca estatal.

Mirando la calaña de semejantes candidatos, uno se pregunta, ¿y dónde están los candidatos de la gente honrada?; pero más todavía, ¿dónde está la gente honrada? Nos dicen que los ecuatorianos buenos somos más; y yo digo: ¿dónde están los buenos ecuatorianos? Los profetas de intenciones inocentes si no dudosas nos amenazan con la siguiente frase: “La gente perversa puede cometer sus infamias porque la gente buena se calla o no hace nada.” Pero entonces, protesto: ¿Dónde está la gente buena del Ecuador?

Acaso resulta imposible que los ecuatorianos honestos y decentes del País sean incapaces de auto-convocarse y asociarse para presentar una candidatura de gente honrada. Protesto: ¿dónde están los liberales? Y no refiero a los incautos o tramposos que creen que el Liberalismo lo inventó Eloy Alfaro Delgado, o a esos curuchupas que creen en el mercantilismo económico o en el filibusterismo financiero. Cuando hablo de liberales me refiero a la gente que cree en el derecho de las personas, de los civiles o los ciudadanos a decidir, escoger o elegir libremente en ambientes de paz y tranquilidad. ¡Dónde están! La verdad es que en este País no deben existir más de 1000 liberales disgregados a lo largo y ancho del País, y sin duda estoy siendo generoso. Los historiadores de pacotilla y los progres del socialismo del siglo 21 nos hablan de revoluciones liberales, y yo digo: ¡cuáles revoluciones!, si el conservadurismo ha mandado y sigue mandando desde la creación de la República Ecuatoriana. 182 años de curuchupismo fascista.

Cuando uno mira las condiciones quienes han sido dictadores y presidentes de este País, uno entiende. Cuando uno mira la calaña de los candidatos a la presidencia de la República, uno entiende. Cuando observas a la masa social votando por los mismos modelos torcidos, demagógicos, inmorales y desvergonzados, generación tras generación, elección tras elección, uno termina entendiendo.

Los políticos no son los únicos responsables del desastre de los países: los políticos simplemente son lo más representativo de un País, la esencia de una idiosincrasia: ora la sabiduría de una sociedad inteligente, ora la ruin astucia de una sociedad engañosa y mezquina; ora el bálsamo purificador, ora el miasma repugnante. El Político es a la sociedad, lo que la sociedad al político. Por eso al observar a tanto energúmeno y corrupto ocupando los diferentes cargos de elección popular, protesto una vez más: ¡Dónde está la gente honrada del Ecuador!

Muchas veces escucho a determinada gente quejarse de los impuestos, de la incapacidad de los funcionarios públicos, de la corrupción de los politicastros, de la burocracia abusiva en general; y entonces, cuestiono, por qué no hacen algo. Lo irónico es que algunos de los que más se quejan del sistema son los primeros en ofrecer su voto a los políticos profesionales que luego ya enquistados en el poder saciarán sus bajas pasiones.

La Biblia narra un cuento acerca de la destrucción de dos ciudades. Sodoma y Gomorra. El caudillo Abraham al conocer de la decisión del Dios religioso, le pregunta: “¿Destruirás al justo con el impío? Quizá haya 50 justos dentro de la ciudad.” Entonces el dios religioso le respondió: Si hallare en Sodoma 50 justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor a ellos. Abraham vuelve a insistir una y otra vez, “si fueran, 45, o 40, y que tal si solo son 30, o solo haya 20. Y el Dios religioso respondía no lo haría por amor a aquellos: hasta que llegó la cifra de 10,y entonces el Dios de Abraham respondió: por amor a esos 10 no la destruiré; y entonces, dice la Biblia que Dios se retiró y Abraham se volvió a su lugar; mientras Sodoma y Gomorra sucumbían arrasadas por el fuego caído del cielo.

Atendiendo los parámetros que se consideraron al momento de decidir la destrucción de Sodoma y Gomorra, pregunto, ¿Cuántos ecuatorianos serían considerados justos? Menos mal, últimamente no se destruyen ciudades por causa de la corrupción desenfrenada de sus habitantes o de la mayoría de estos. En cambio, sí se lo hace por el ansiado petróleo, o por el control geopolítico de determinadas zonas del planeta, o por el simple placer sádico de imponer una falsa democracia hecha a imagen y semejanza del sadismo fascista.

Que dilema verdad, ¡qué dilema! Ya aparecieron nuevamente en épocas de elecciones los Moisés criollos, los tetrarcas de la partidocracia antigua y nueva, que nos anuncian llevarnos hacia la Tierra Prometida donde fluye leche y miel; pero cuyas verdaderas intenciones son instalar los Infernales círculos de Dante, aquí mismo en esta falsa isla de Paz, donde supuestamente los ecuatorianos buenos son más. ¡Sí, tú … cómo no! 

        

sábado, 14 de julio de 2012

Había una vez un planeta llamado Nibiru .....



Había una vez un planeta que se llamaba Nibiru. Era enorme. Admirado desde el espacio, se mostraba de un color rojo intenso, ligeramente turbio, posiblemente debido a la constitución gaseosa de la extremadamente densa capa atmosférica que le ofrecía protección; gracias a ésta, Nibiru toleraba sin problemas las brutales fuerzas cósmicas que lo azotaban todos los días. Precisamente aquella atmósfera tan particular había creado las condiciones suficientes para que la vida se desarrolle en aquel planeta. De hecho existían criaturas inteligentes que habían fundado una gran civilización, imponente y poderosa, que a lo largo del tiempo había conseguido desarrollo y prosperidad: los nibiranos. Su sistema de gobierno era monárquica hereditaria; y si bien existían clases sociales, la vida en Nibiru era relativamente aceptable y provechosa para la gran mayoría, si no la totalidad de los nibiranos.

Físicamente poderosos, longevos, erguidos, bípedos, con brazos y manos, aunque con rasgos fisonómicos semejantes a un reptil, algunos incluso con cola, los nibiranos gobernaban Nibiru. Pero, la dinámica del Universo tenía preparado un reto mortal para los habitantes de Nibiru. Sorpresivamente la capa de gases y partículas que protegían al planeta empezó a resquebrajarse. Al debilitarse la densidad de la atmosfera, los diferentes rayos cósmicos empezaron a ingresar al planeta casi libremente, ocasionando graves perjuicios a la salud y vida no solo de los nibiranos sino de toda especie viva del planeta. Los científicos analizaron el problema y encontraron que la solución radicaba en recubrir las zonas agrietadas con grandes cantidades de partículas de oro. Así lo hacen. La solución funciona, pero surge otro problema, Nibiru carece del oro suficiente. Entonces, el Rey Anu, convoca a sus ministros; y entre éstos a sus hijos; el primogénito Enki, y el segundo, Enlil; el primero, un científico aventurero, al que no le daba miedo experimentar; y el otro, un guerrero pragmático, impávido e insensible. Luego de discutir las opciones, deciden enviar a Enki a un planeta azul de un sistema solar cercano, desde donde un astronauta nibirano Alalu, un rebelde, decía haber encontrado oro en grandes cantidades. Entonces Enki y un grupo de nibiranos viajan al planeta azul, al que llamaremos Tierra.

Finalmente Enki llega a la Tierra y se encuentra con Alalu; quien le informa de las particularidades del planeta. De inmediato el científico nibirano empieza a buscar el ansiado oro. Concomitantemente fundan puestos de avanzada y fortines, así como centros de despegue de sus naves. Enki empieza el proceso de extracción del mineral y lo envía tan rápido como puede hacia su planeta natal.

El oro es recibido en Nibiru con gran esperanza y felicidad. Sin embargo las cantidades que empiezan a ser recibidas no son suficientes, y Anu, decide enviar a otro contingente de nibiranos encabezados por su hijo Enlil, a quien entrega el mando principal, relegando al segundo lugar a Enki. Cuando Enlil, llega a la Tierra, y comunica  las órdenes a su hermano, éste, se enoja pero, acepta la decisión de su padre.

Con la llegada de más nibiranos se crean nuevos asentamientos y nuevos centros mineros. Inmediatamente se construye una base que sirva de puerto de enlace, en el cuarto planeta de aquel sistema al que llamaremos Marte. En aquel lugar se instalan un grupo de nibiranos que serán los encargados de transportar el oro desde la Tierra hasta Nibiru. Los nibiranos asentados en el planeta azul, toman el nombre “Anunnaki”, mientras los otros, los que permanecen en Marte se los denomina “Igigi”.

El duro trabajo genera una rebelión de los anunnaki y los igigi. Entonces a Enki se le ocurre la idea de alterar la genética de una especie nativa de la Tierra, muy semejante a la raza de Nibiru. Luego de experimentar una y otra vez con la especie terrícola y de continuos fracasos, Enki, utiliza su propio código genético y de esa manera aparece el primer ser humano sobre la faz de la Tierra.

El hombre al tiempo que es usado en las tareas de prospección y extracción del oro, empieza a prosperar y a reproducirse. La raza creada es el orgullo de Enki, aunque Enlil al conocer los detalles de la creación de la nueva raza, mira con recelo al hombre. Muchos “anunnakis”, como “igigis” se sienten atraídos por las hembras humanas y al procrear la raza humana se perfecciona enriquecida por los genes nibiranos. Una catástrofe natural le permitirá a Enlil mostrar su desafecto por el hombre. Una inundación ocasionada por el deshielo de los polos amenaza destruir a la raza humana. Enlil, ordena abandonar la Tierra, e impone que nadie ayude a la humanidad, y que sea el destino quien decida si deben o no desaparecer de la faz de la Tierra. La inundación es devastadora; y solo se salvan pequeños asentamientos humanos ubicados en lugares montañosos donde las aguas no llegaron, además de un pequeño grupo que fue alertado y protegido por Enki, que amaba su creación y no deseaba verla extinguida.

Los anunnakis, a salvo en sus naves, miran desde la atmosfera la enorme desgracia,  sufren por la destrucción de la raza humana y hasta el propio Enlil lamenta lo que pensaba había sido el final de la vida en el planeta, aunque luego, al conocer de la intervención de Enki muestra sus desavenencias con su hermano. Transcurren los años. Nibiru se salva gracias al trabajo de los anunnaki y los igigis. La humanidad vuelve a prosperar ayudada por los extraterrestres, a quienes consideran dioses, y por lo mismo les ofrecen culto. Sin embargo surgen enfrentamientos entre los herederos de Enki y Enlil, por el control de la Tierra. Durante las batallas la humanidad está a punto de ser destruida por las terribles armas de los combatientes annunakis e igigis. Sin embargo, a pesar de todo el ser humano sobrevive. Anu, decide que tanto anunnakis e igigis regresen a Nibiru y no intervengan más en los destinos del planeta azul a quien le debían la sobrevivencia de la civilización y raza de Nibiru. Y todos vivieron felices y contentos….., todos menos algunos humanos que se preguntan, ¡qué diablos hacemos en este conflictivo y complejo mundo!
    
Nota: El relato anterior es un resumen muy suscinto de la obra literaria "El Libro Perdido de Enki" del escritor, arqueólogo y antropólogo Zecharia Sitchin.